20/7/2021
Durante la noche anterior hay que buscar un trapo para limpiar los binoculares, en el bolso no puede faltar el bloqueador, una sombrilla y por supuesto una merienda, no olvides configurar una alarma Fabián… a las 4:00 am.
Cuantas veces he hecho ese ritual antes de salir por ahí a disfrutar de la naturaleza, aún así ninguna de las giras que suelo hacer me lleva a una retrospección de mi estado y condición física. Antes de ir a esas tierras debo prepararme mentalmente ante la posibilidad de adentrarme en uno de los bosques más místicos y cargados de sorpresas que existen en Costa Rica.
Unos kilómetros al este de Turrialba se encuentra San Antonio de Platanillo, la base del Cerro El Silencio. En este lugar las aves parecen estar en un banquete constante, las bandadas mixtas son numerosas en individuos y especies, las paredes de color verde son el contraste perfecto para ver los pericos o vencejos en sus mejores galas cruzando a altas velocidades mientras en el río las garzas del sol (Eurypyga helias) cantan tranquilamente como si nada les preocupara más que encontrar su alimento del día y relajarse el resto del tiempo.

En el cerro el Silencio se debe subir en botas de hule, la humedad del suelo hace del terrero un espacio lleno de barro y charcos profundos, junto a pendientes pronunciadas que se convierten en los 5 km más lindos y duros de la experiencia. Con mi amigo Emmanuel comentaba, -ya han sido varias veces que subo- y que en todas siempre quedo “hecho leña”, con un tobillo doblado, un musculo golpeado, pero esta ultima vez fue extremo, me picó un gusano ciprés, entonces…
¿Si es tan caótico para que lo hago?
Existen aves que son llamativas por sus colores, otras por su imponente semblante, incluso otras son muy apetecidas por su comportamiento o su canto, cada birder sabe ¡algunas aves cuentas más que otras! a pesar de que es un aspecto subjetivo, es común que la pasión por esas aves maestras en pasar desapercibidas se vuelva un excelente objetivo para invertir esfuerzo.
Mientras ganábamos elevación en el cerro las tangaras coloridas nos daban la bienvenida, los colibríes de flor en flor varían los colores percibidos ante tanto verde… La primera parada estratégica un canto capta todos los sentidos, ¡un pygmy! (Glaucidium costaricanum) Uno de los búhos más pequeños de Costa Rica, está especie posee polimorfismo de color. Podemos encontrar dos colores distintos en esta misma especie, esta vez fue morfo rufo el que nos emocionó, si bien no es una especie muy difícil de ver, fue lifer para mi amigo, y ¡los lifers hay que vivirlos y gozarlos!

Después de apreciarlo mientras un enorme árbol nos protegía de la lluvia parecía que iba a ser un día con mucha agua. Escampó un poco y decidimos continuar, una vez que entramos en el bosque todos los sentidos van al máximo, un canto aquí, un movimiento allá, ¡cuidado! Una serpiente va cruzando el sendero y a los 50 metros unos pájaros hormigueros mueven sus colas hacia arriba y abajo mientras vigilan el rumbo de los pequeños insectos.

Bandada mixta y entre ella el sharpbill (Oxyruncus cristatus), un ave única en su familia, solitaria, con mucho misticismo viaja por lo más alto de los arboles comiendo frutos, también rebusca entre los musgos, sabe hacer de todo un poco, sin embargo, se escabulle muy bien al ojo humano, hay que ir áreas boscosas especiales para ver esta joya del neotrópico, sencillamente es una perla que anda por ahí con sus colores apagados entre los tantos colores de las bandadas. Unos metros más adelante un ave pequeña mueve su cola se una forma divertida mientras parece que da saltos en las ramas a la altura de nuestros ojos, una breve revisión con los binoculares ¡Bingo! Un hormiguerito de los difíciles de ver en Costa Rica (Euchrepomis callionata) se unía a la fiesta… Así muchas especies que se vuelven mitos mantienen un pequeño lugar para vivir en estas vastas montañas en Turrialba.

Quizá para nosotros subir al cerro sea algo un tanto normal, toparnos estas especies tan geniales se vuelva algo recurrente en nuestras expediciones pero… Definitivamente mientras volvemos de nuevo a casa y recordamos emocionados la forma en la que nos encontrábamos en el momento justo en la que aparecían las aves, al mismo tiempo en lo que aprovechamos cada charco y riachuelo para limpiar las botas nos damos cuenta lo afortunados que hemos sido… Ya vamos llegando y la mamá de Emmanuel siempre nos tiene almuerzo listo, que sabe a gloria y ahí es cuando el cansancio pasa a segundo plano.

lista de aves de la expedición https://ebird.org/checklist/S92114205





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